Yo mismo
jueves 23 de febrero de 2012
sábado 24 de diciembre de 2011
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Y entonces se abre un claro entre las nubes y la luna te anima a escribir, es lo bueno de asociar una melodía a un determinado estado o a una determinada afición, solo con oirla es posible que se desate todo aquello que llevabas tanto tiempo queriendo soltar.
Porque escribir es una ayuda en sí mismo, quizá no tenga nada que decir o quizá si pero no lo sepa o no encuentre las palabras adecuadas para ordenar esta madeja de cables sueltos que de vez en cuando me cortocircuitan esa pajarería que unos llaman cabeza, que otros llaman corazón y que es jinete de un carro tirado por ilusiones y sueños que tratan de llevarte hasta el amanecer de un mañana que quizá nunca llegue, de un mañana en el que nosotros somos productores y actores pero del que desconocemos el guión.
Por eso muchas veces de tanto mirar el principio de esta película de la cual nos creemos directores perdemos el hilo y sobre actuamos, miramos la escena presente con desdén, odiándola y tratando de avanzar hasta lo que imaginamos será nuestro gran momento, esa escena hecha a medida y para la que guardas el valor que te queda.
Así, uno tras otro vamos quitando importancia a los fotogramas presentes por llegar al futuro, un futuro que no llega, ya que sucede con tal velocidad que lo pasamos por alto: se ha hecho presente.
Malditas sean las luces, pues con ellas vienen las sombras.
jueves 22 de septiembre de 2011

En la posada del fracaso,
donde no hay consuelo ni ascensor,
el desamparo y la humedad
comparten colchón
y cuando, por la calle,
pasa la vida, como un huracán,
el hombre del traje gris
saca un sucio calendario del
bolsillo y grita:
¿Quién me ha robado el mes de abril?
¿Pero cómo pudo sucederme a mí?
¿Quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.
El marido de mi madre
que en el último tren se largó
con una peluquera
veinte años menor
y cuando exhiben esas risas
de instamatic en París,
derrotada en el sillón,
se marchita viendo Falcon Crest
mi vieja y piensa:
¿Quién me ha robado el mes de abril?
¿Cómo pudo sucederme a mí?
¿Pero quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.
¿Quién me ha robado el mes de abril?
¿Cómo pudo sucederme a mí?
¿Pero quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.
Extraño como un pato en el Manzanares,
torpe como un suicida sin vocación,
absurdo como un belga por soleares,
vacío como una isla sin Robinson,
oscuro como un túnel sin tren expreso,
negro como los ángeles de Machín,
febril como la carta de amor de un preso...
así estoy yo, así estoy yo, sin ti.
Perdido como un quinto en día de permiso,
como un santo sin paraíso,
como el ojo del maniquí,
huraño como un dandy con lamparones,
como un barco sin polizones...,
así estoy yo, así estoy yo, sin ti.
Más triste que un torero
al otro lado del telón de acero.
Así estoy yo, así estoy yo, sin ti.
Genio Joaquin
miércoles 31 de agosto de 2011
martes 23 de agosto de 2011
Dejándose llevar por su espiritu y su deseo de libertad, viaja mar adentro en su destartalada barca guiado por un faro que parpadea cada vez mas lentamente y rezando para que la embarcación supere las primeras olas que rompen con fuerza en aquella bonita playa.
Nadie sabe que puede encontrar al final del horizonte.
No esta en sus mejores días pero creo que aguantara, decía el marinero mirando el fruto de su trabajo.
Aquello casi ni se podía llamar barca, pocos apostarían que pudiera flotar. El era de los pocos que estaba convencido de que tendría opciones de llegar a puerto. El tiempo había echo huella en su deteriorado casco que en el pasado fue bonito y fuerte.
Al menos eso pensaba el, tras unas pequeñas excursiones de pocos días dio comienzo su proyecto mas ambicioso, un viaje que iniciaba con alegría y buenas expectativas que terminaron torciéndose, ya que aunque el barco parecía fuerte solo era en apariencia pues estaba lleno de fugas que comenzaron a hundirlo.
Aquel hombre se afanaba por tapar los agujeros abiertos no sabe bien por que y achicaba agua sin parar, pero cuando el barco volvía a mantenerse ocurrió lo que pocos esperaban.
Una tormenta, un pequeño contratiempo para cualquier embarcación pero un gran escollo para aquella, pues su final se fraguaba en su interior.
Todo lo que quedo fueron un par de tablas.
Costo mucho repararla pues no sabia exactamente como hacerlo y aunque la barquita ya se mantenía a flote su débil aspecto hacia pensar al viejo marinero que no tardaría mucho en hundirse, aun así se armo de orgullo, izo las velas y comenzó el viaje sin rumbo fijo, como nunca lo había echo, confiando todo a la suerte y dejándose llevar…
Dejándose llevar por su espiritu y su deseo de libertad, viaja mar adentro en su destartalada barca guiado por un faro que parpadea cada vez mas lentamente y rezando para que la embarcación supere las primeras olas que rompen con fuerza en aquella bonita playa.
Nadie sabe que puede encontrar al final del horizonte.
domingo 14 de agosto de 2011
Esto no es algo que se pueda elegir. Simplemente surge. Poco a poco lo notas, notas como se va introduciendo dentro de ti, es como una sombra que se arrastra hacia tu interior helándote de dentro a fuera. Te quedas pensando en por que, ¿por que tiene que volver a pasar? Son escalofríos que recuerdas bien pues han estado presentes en tu vida mucho tiempo.
Eso es lo malo de todo esto, comienzas recorriendo un camino cuyo final no alcanzas a ver, deambulas entre las hojas caídas arrastrando contigo tus pies, unos pies movidos por la inercia de una cabeza sin rumbo, preocupada solo en el mañana, un mañana que ni siquiera sabe si va a llegar.
Con la cabeza agachada por miedo al horizonte piensas en cada paso dado tratando de reforzar el siguiente.
Y una vez que logras llenar los pulmones de aire, notas como la lluvia recorre cada parte de tu cuerpo sintiendo que nada puede pararte, mirando al cielo y riéndote de todo y de todos, este es mi momento y nadie me lo va a quitar.
Pero la lluvia arrecia y se vuelve fría, aquella sensación de libertad se va ahogando entre el murmullo del goteo cada vez mas insistente, notas el barro por tus tobillos y mueves los pies tratando de sacarlos hasta que te das cuenta: cuanto mas te esfuerzas por salir, mas abajo te hundes.
Tu mente es una baraja de naipes con la que puedes construir todo aquello que puedas imaginar…
…pero es duro sentir el soplo de aire que de vez en cuando amenaza su estabilidad.
